El Sujeto de la Máscara



Lo tenía desdibujando sus últimos anhelos y rezando plegarias desesperadas.

No tenía sospecha de quién se ocultaba bajo la máscara y no reconocía el timbre de su voz.


Entre el suelo y la sangre que corría lentamente por el piso de madera vieja, se encontraba un oído desnudo susurrado por voces imaginarias. Cantos post mortem de peculiar caos que despedían su transitada vida.


La máscara inexpresiva permanecía quieta y paciente mientras Alonso perdía el conocimiento, sollozaba silencioso entre agonías y películas de años pasados que danzaban frente a sus ojos.Vislumbraba de contrabando entre canción y canción en busca de preguntas que no tenían sentido responder.

El sujeto de la máscara se acercó con sigilo y le acarició el rostro un tanto culpable y un tanto satisfecho. Alonso, casi destruido, pudo respirar con alivio. Después de tanto pensar, de semanas de haber sido secuestrado y torturado por un intérprete anónimo, pudo al fin reconocer quién fuera él.


Le tomó de la mano, tembloroso. Entreabrió sus muertos labios y recitó sus últimas palabras.


“Gracias hijo, sé que fui un mal padre, sé que robé y atenté contra miles de personas para justificar mi propia miseria. Y ahora esa misma miseria será parte de tu vida desde hoy hasta el día en que te mueras. Nos vemos en el infierno”


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